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    El Che, 49 años después

    Ha de ser en Vallegrande, dentro de 15 días, cuando comience un ciclo de conmemoraciones de la inmolación del guerrillero a manos del imperialismo, la CIA y la dictadura de Bolivia. Ese evento se organiza en Santa Cruz por un “grupo impulsor del cincuentenario del Che” y allí propondremos, al gobierno del cambio y al pueblo revolucionario, la reivindicación de las gestas de cinco mujeres bolivianas que asistieron al Che en los aciagos 8 y 9 de octubre de 1967.

    Ellas fueron Ninfa Arteaga, Graciela Rodríguez, Susana Osinaga, Élida Hidalgo y Julia Cortez, quienes le dieron ternura y protección frente a los machos y cobardes que lo capturaron, maniataron, encerraron, insultaron, golpearon y mataron en su fatal inermidad. Asesinos todos, porque como dicen en los pueblos, tanto peca el que mata a la vaca como el que le sujeta la pata.

    También sugeriremos a los vecinos de Vallegrande invitar una sopa de maní, como hizo doña Ninfa, a quienes visiten esa histórica ciudad, ávidos de saber de la vida y muerte del guerrillero heroico. Será significativo decirles que el Che probó ese bocado unas cuatro horas antes de ser ametrallado. Que los anfitriones digan, en fin, que es una sopa de maniche, por maní y Che. Eso hacemos algunos bolivianos en México desde hace 20 años, cuando es 8 de octubre.

    Y bien, al cumplirse 49 años de estar sin el Che, el médico beniano Jaime Ortiz Moreno cantará en Vallegrande unos versos míos alusivos a esas mujeres con un estribillo de su creación: San Ernesto de La Higuera/ comandante Che Guevara/ cinco mujeres te honraron/ en tu última batalla. Las décimas que compuse dicen: 1) La memoria nos descubre cinco gestas solidarias de mujeres voluntarias el 8 y 9 de octubre.

    La verdad se hace más grande y en la leyenda se expande, ¿dónde, quiénes, cómo y qué? Cinco mujeres y el Che en La Higuera y Vallegrande. 2) La maestra Julia en la aurora quiere ver al prisionero para gritarle “invasor”, pero oye una voz que valora su ser social, profesora, la combatiente aguerrida de una guerra no perdida, la educación, lo que vale son los niños. Ella sale con otra luz a la vida. 3) Doña Ninfa llega allí, a la escuela, donde el hombre está preso sin su nombre, para darle, porque sí, una sopa de maní. Élida, su hija, la espera montando guardia, portera. Come el preso lo servido en silencio agradecido... Todo esto pasa en La Higuera. 4) Han matado al prisionero por instrucción del imperio (“saluden a papá en serio”).

    Y en Vallegrande el lucero femenino brilla entero. Graciela, la lavandera del hospital, quien la viera, limpia el cuerpo, frota y frota, el polvo de la derrota, agua y jabón, compañera. 5) Otra mujer de ese vuelo es Susana, la enfermera, que con cariño y tijera le acicala barba y pelo, “Tiene de Cristo la cara”, dice como si rezara. Las cinco llenas de gracia en la hora de tu desgracia, comandante Che Guevara.

    *Coco Manto es escritor y periodista boliviano, fue embajador de Bolivia en México

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